Fuiste mi sueño,
mi gran sueño de infancia,
y la decepción fue tal,
que te convirtió en la peor realidad.
Llegaste a mi cual góndola festiva,
en aguas limpias y serenas,
y mi tormento te despidió cual barcaza funeraria,
en aguas oscuras y turbulentas.
No miré atrás como otras veces,
esta vez no me hizo falta,
no necesité mirar atrás para ver tu cara,
como último recuerdo de un amor verdadero.
No lo fuiste,
nunca lo fuiste,
sólo fuiste un espejismo,
espejismo en el desierto de mi soledad.
Soledad que me quemaba por dentro,
que no me dejaba pensar,
que no me dejaba ser,
que me arrastraba hasta el oasis de tu corazón.
Corazón que me consumía por dentro,
que me hacía prisionero de tus caprichos,
que no me dejaba levantar la mirada,
sin desviarla del fuego que no dejaba de alimentar.
¿Y qué se podía esperar de un soldado tan leal?
Morir con dignidad,
dándolo todo por amor,
sabiendo que nunca recibiría medalla ni alabanza alguna.
Daniel Marina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario