jueves, 24 de diciembre de 2009

¿Y cómo dices que nos llaman, papá?


Míralos. Asustan. Ahí vienen, con su prisa de consumo. Tú no te muevas. Tú como siempre. Ya sé que es ridículo. Cada año la misma historia. Qué raros son. Si se vieran desde aquí, desde donde estamos nosotros. Si pudieran situarse por un rato detrás del cristal... Qué seres tan extraños, no me acostumbro.... Qué modo más extravagante de satisfacer no sé qué deseos. Es un espectáculo soberbio...


¿Cómo llaman a esto, papá? Bueno, le dicen Navidad y consiste en celebrar algo en lo que muchos de los que ahora ves ahí delante, en sentido estricto, no creen. ¿Y por qué lo hacen si no se lo creen? Forma parte del juego, imagino. No hacer creer que no lo crees. Si los escucharas cuando pasan estas fechas te darías cuenta. Están hartos de ella, pero no saben decir no. En verdad todos están deseando desaparecer de estos días, no seguir alimentando la costumbre. ¿Y por qué no lo hacen, papá? Imagino que sus reglas están hechas de ese modo e intentar escapar a ellas los convierte en algo incómodo para los demás. Pero en cualquier caso, no te pierdas los detalles, hijo. Tú míralos. ¿Por qué nos miran ellos a nosotros tanto, papá? Nosotros tenemos algo que ellos quieren, pequeño. ¿Y qué es? Pueden ser los zapatos, puede ser tu chaqueta, podrían ser mis pantalones, incluso alguno habrá que lo que más desee sea el silencio en el que creen que estamos... Tonterías, ya ves. ¿Y por qué lo quieren todos a la vez? Forma parte de su cultura.

¿Qué más tiene la Navidad, papi? En sentido estricto, poco más. Aunque luego están los ritos de los hombres: la religión, la espiritualidad, la superstición, cada uno lo llama de un modo. ¿Y todo eso para qué sirve, papá? Digamos que son normas de conducta. Ya tendrás tiempo de aprenderlo. En algunos casos son cosas que no se ven, y sólo sirven para uno mismo. ¿Como los zapatos, como los pantalones? Más o menos, sí. Más o menos. ¿Y qué hacen con todas las cosas que llevan? Se las dan a otras personas. Regalar consiste en dar al otro algo que quieres que tenga. Es un gesto de cariño. ¿Pero eso está bien, no papá? Claro que está bien. ¿Y entonces por qué no te gusta la Navidad? Porque esto que tú y yo estamos viendo ahora, hijo mío, no es nada más que un juego, ya te lo he dicho. Una necesidad de cumplir con una costumbre. Es la cuota que tranquiliza sus conciencias. Quiero decir: que ellos creen sentirse así mejores por unos días, sin saber del todo qué quiere decir esto más allá de que lo han visto hacer desde que eran como tú, así de pequeños.

¿Sabes, papá? A mí sí me gusta la Navidad. ¿Ah, sí? Sí, porque ahora estamos juntos muchos días. Nos dejan aquí a los dos y no nos mueven. Porque a mí me gusta estar contigo y que me cuentes todas las cosas que sabes, papi... Ya, ya te entiendo, y es verdad que el estar juntos se lo debemos a ellos, a su Navidad. Aunque no olvides que debajo de todo esto no hay más que ruido, luces, una falsa escenografía que obliga a aceptar su mecánica al que la acepta y al que no. Y eso no dice mucho en favor de ellos. Tú no les pierdas de vista... ¿Por qué hablas así, papá? Ya sé que hay cosas que aún no entiendes, pero las irás aprendiendo. Sólo tienes que observar. Te darás cuenta de que existe algo que se llama cinismo e impulsa su mundo, ése mismo que tenemos ahí afuera, justo detrás del cristal. Un día comprenderás que todo esto que ahora ves no es del todo voluntad de ellos, sino una inercia impuesta. Todo sinsentido es fruto de una contradicción. Y la Navidad no se escapa. Si hasta son capaces de justificar la guerra como instrumento de paz...

Papá, es que ya no te entiendo... ¡Mira, papi, qué graciosos son! ¡Cómo nos miran ahora! A mí me divierte que estén ahí, con los ojos tan abiertos, como los peces de colores de la tercera planta, ¿te acuerdas, papá? Qué risa... ¿Y cómo dices que nos llaman? Maniquíes, hijo. Nos dicen ma-ni-quí-es. Y a su frío, Navidad. 


por Antonio Lucas.



jueves, 19 de noviembre de 2009

¿Por qué ahora?


¿Qué es lo que veis? ¿Por qué ahora? No lo entiendo.... ¿Qué es lo que veis ahora? ¿ No lo veíais antes? Han tenido que pasar todos estos años para daros cuenta... ¿O es qué no lo habéis querido ver hasta ahora? Pero si soy el de siempre... quizá un poco más serio, más precavido, más paciente... pero sigo siendo igual de cariñoso, igual de bromista, igual de atento, igual de comprensivo, igual de sincero... no lo entiendo...

Han tenido que pasar todos estos años y de repente...

¿Qué es lo que podeis ver en mi? Al fin y al cabo soy igual que los demás... con sus virtudes y sus defectos...

Aunque quizás hay algo que me pueda dar alguna pista...

Mírame a los ojos... ¿Qué es lo que ves? Creo que sé lo que ves... me ves a mi ¿A qué si? Me ves a mi tal cual soy... transparente como una gota de lluvia... pero siempre he sido transparente... ni más ni menos...

¿Realmente no veíais la transparencia de mis ojos? Yo sé lo que os ha pasado... antes no veíais nada... no sabíais mirar... no sabíais mirar en el interior de las personas... no sabíais mirar su alma... al fin y al cabo la mía siempre ha estado ahí... al descubierto... sin protección... nunca me ha hecho falta...

Nunca me ha importado mostrarme tal cual soy... y ahora es cuando os habeis dado cuenta de que no es sólo una fachada... de que siempre he sido así...

¿En verdad habéis tenido que madurar para daros cuenta? No me lo creo... no era tan difícil... pero lo entiendo... no os reprocho nada... al fin y al cabo esta vida no está hecha para pararse a pensar... sino para pararse a sentir...

Pero está claro... sentir... sólo aquel que ha sentido el dolor de un amor verdadero ha podido abrir los ojos... abrirlos al entendimiento... abrirlos al sacrificio... abrirlos a la soledad...

¿Pero tantos años han tenido qué pasar para esto? ¿Era necesaria toda esta espera? Quiero pensar que no... que simplemente ha sido el destino caprichoso es el que lo ha querido así...

Porque si no es así... quizá esta situación sea algo efímera... apenas unos instantes cognitivos para descubrir la verdad... para darse cuenta de que al fin y al cabo somos simplemente animales... que de vez en cuando nos encontramos con la verdad de las cosas... de que de vez en cuando nos preguntamos "por qué ahora"...



lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Instrucciones para cumplir 30 años?

Estas son las últimas líneas del argumento de la película Efectos secundarios, película mejicana. En pantalla tenemos la voz en off de Marina, imágenes de lo que cada protagonista hará ahora con su vida, y de fondo la música de "El universo sobre mí” de Amaral

No hay instrucciones para cumplir treinta. Pero si las hubiera, serían estas:

- Haz una lista de todo lo que no te gusta de ti y luego tírala. Eres el que eres. Y después de todo, no es tan malo como te imaginas un domingo de cruda.

- Tira el equipaje de sobra. El viaje es largo, cargar no te deja mirar hacia delante. Y además jode la espalda.

- No sigas modas. En diez años te vas a morir de vergüenza de haberte puesto eso, de todas maneras.

- Besa a tantos como puedas. Deja que te rompan el corazón. Enamórate, Date en la madre, y vuelve a levantarte. Quizás hay un amor verdadero. Quizás no. Pero mientras lo encuentras, lo bailado ni quién te lo quita.

- Come frutas y verduras. Neta, vete acostumbrando a que no vas a poder tragar garnachas toda la vida.

- Equivócate. Cambia. Intenta. Falla. Reinvéntate. Manda todo al carajo y empieza de nuevo cada vez que sea necesario. De veras, no pasa nada. Sobre todo si no haces nada.

- Prueba otros sabores de helado. Otras cervezas, otras pastas de dientes.

- Arranca el coche un día, y no pares hasta que se acabe la gasolina.

- Empieza un grupo de rock. Toma clases de baile. Aprende italiano. Invéntate otro nombre. Usa una bicicleta.

- Perdona. Olvida. Deja ir.

- Decide quién es imprescindible. Mientras más grande eres más difícil es hacer amigos de verdad, y más necesitas quien sepa quién eres realmente sin que tengas que explicárselo. Esos son los amigos. Cuídalos y mantenlos cerca.

- Aprende que no vas a aprender nada. Pero no hay examen final en esta escuela. Ni calificaciones, ni graduación, ni reunión de exalumnos, gracias a Dios. Felices treinta, viejo. Bienvenido al resto de tu vida



Creo que ya estoy tardando en seguir alguna de estas instrucciones... sobretodo porque voy con un año de retraso!! X-D

¡¡Que los 31 se conviertan en los mejores años de mi vida!!



martes, 20 de octubre de 2009

No lo fuiste...

Fuiste mi sueño,
mi gran sueño de infancia,
y la decepción fue tal,
que te convirtió en la peor realidad.

Llegaste a mi cual góndola festiva,
en aguas limpias y serenas,
y mi tormento te despidió cual barcaza funeraria,
en aguas oscuras y turbulentas.

No miré atrás como otras veces,
esta vez no me hizo falta,
no necesité mirar atrás para ver tu cara,
como último recuerdo de un amor verdadero.

No lo fuiste,
nunca lo fuiste,
sólo fuiste un espejismo,
espejismo en el desierto de mi soledad.

Soledad que me quemaba por dentro,
que no me dejaba pensar,
que no me dejaba ser,
que me arrastraba hasta el oasis de tu corazón.

Corazón que me consumía por dentro,
que me hacía prisionero de tus caprichos,
que no me dejaba levantar la mirada,
sin desviarla del fuego que no dejaba de alimentar.

¿Y qué se podía esperar de un soldado tan leal?
Morir con dignidad,
dándolo todo por amor,
sabiendo que nunca recibiría medalla ni alabanza alguna.


Daniel Marina.       

lunes, 19 de octubre de 2009

Integridad y libertinaje... ¿Orden y caos?

Quizá con este título me estoy metiendo en una "camisa de once baras" de la que ni yo mismo podré salir, pero siempre ha sido un tema del que he querido hablar...¿A que se considerá una persona íntegra? ¿Y a una persona libertina? ¿Se les puede comparar con una persona que está dentro del "orden" establecido y a otra fuera de él?

En este sentido tendríamos que hablar de la "moral", ya sea social o religiosa... Veamos que nos dice la R.A.E. de estos términos...

- Moral: Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia.
- Íntegro: Dicho de una persona: Recta, proba, intachable.
- Libertinaje: Desenfreno en las obras o en las palabras.

Desde el punto de vista de la R.A.E. ya podemos ver como la definición de Moral diferencia entre lo bueno o lo malo, o lo que es lo mismo, orden y caos. 
En cuanto a Íntegro vemos que describre una persona justa que no tiene tacha o falta. Por lo podemo decir que una persona moralmente íntegra es aquella que cumple con los límites que la moral impone.
 Así mismo, una persona Libertina es aquella que no pone freno a lo que hace o a lo que dice. O lo que es lo mismo, levanta el pié del freno y traspasa los límites de la moral.

Pero, ¿Quién es el que pone ese limite? ¿Quién decide la frontera entre lo bueno y lo malo?  Me imagino lo que me diréis: "En una dictadura, una persona. En una democracia, la mayoría." 

En definitiva, que los límites entre una persona moralmente integra y otra libertina los impone la sociedad actual.
Hace unos años besarse en al calle era algo inmoral; hoy ya no. Hace unos años ajusticiar a alguien con la muerte era algo normal; hoy en días sería algo moralmente inaceptable. Hace unos años hacer top less era algo inmoral; ahora si no lo haces parece que no estás "en la onda". Antes que dos homosexuales se casaran era algo inmoral; hoy es lo más natural.

(Ahora es cuando me llamaréis loco...) Y digo yo, ¿Por qué seguimos poniendo límites absurdos a lo que llamamos moral? Por ejemplo, ¿Por qué no puede andar una persona desnuda por la calle? ¿Por qué no se pueden casar tres personas?

Que alguien me diga una razón para que no se pueda hacer alguno de los dos ejemplo que he propuesto. Según la definición de moral creo que no podemos tachar ninguna de las dos ejemplos como algo "malo".

Yo pienso que los límites de la moral no los debería decidir una sociedad cambiante en el tiempo, sino que cumpliera unos simples principios.


Yo incluso pondría un simple principio: Que cualquier obra o palabra, realizada o dicha por una persona, no supusiera perjuicio alguno para uno mismo o para los demás, ya fuera perjuicio físico, psicológico, económico o social. 


En resumen, que cada uno haga lo que quiera, si eso le hace feliz y no hace daño a nadie...



domingo, 20 de septiembre de 2009

Queda Prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un ultimo suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin
alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,
todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen mas que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.
                                                                                                              

...de Pablo Neruda.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Instrucciones para dar un abrazo

Cualquiera puede estrecharte entre sus brazos. No hay que ser muy listo, ni muy fuerte, ni muy sabio, ni muy nada. Alguien va, abre sus brazos de par en par y te envuelve de carne y hueso. Y qué. El pavo relleno hace lo mismo y conozco a poca gente ansiosa por meterse dentro.
Desde que encima hay desconocidos que los dan gratis por la calle, el valor del abrazo ha caído en picado. Y la verdad que no me extraña. Puede que algunos abrazos no cuesten dinero, pero lo que sí tienen en común todos los abrazos mal dados es que siempre, a la no tan larga, salen muy caros.
Quizá por eso ninguno de los intentos que he podido leer por ahí, tratando de descifrar la aparentemente sencilla liturgia del acto de abrazarse, me ha ayudado demasiado. Quizás por ello vaya a ser yo el próximo en naufragar.
El abrazo viene a ser a las relaciones humanas lo que el cargador al teléfono móvil. Mejor que nunca te lo dejes en casa, no sea que lo acabes suplicando a las 3 de la mañana ante cualquier recepción de hotel.
Para dar un abrazo en condiciones, en primer lugar, hay que haberlo extrañado mucho, hay que haberlo extrañado bien. Los que no tuvieron tiempo de despedirse saben perfectamente de lo que estoy hablando. Los que nunca se atrevieron a pedirlo, también.
Su siginificado es siempre el mismo, bajo cualquier circunstancia, en cualquier país, de cualquier lengua, credo o tradición, y parte de la segunda condición fundamental para dar uno como Dios manda. Necesitas lo que significa. Y significa, en esencia, que no estás solo.
A partir de aquí, los requisitos se van complicando. Y es que todo depende de tener algo muy fuerte en común. Algo que de pronto, y sin haberlo previsto, sintáis los dos con la misma intensidad. Se trata de un momento, de un solo instante. El tiempo justo para que ese algo tan real y tan verídico no pueda dibujarse con palabras.
No sé si me explico. Pero si eso ocurre, todo cambia. Desde ese momento, abrazarse ya es otra cosa. Estáis atrapando verdades. Una cacería de instantes. Un compresor de realidad. Enzarzarse en las ganas del otro y apretar hasta que se extingan.
Me fascinan los abrazos bien dados. Creo que resultan aún más memorables que cualquier palabra, gesto o relación. La única forma física conocidad que tiene el ser humano de parar el tiempo. El único punto y seguido entre todo lo que se puede llegar a sentir.
No sé muy bien por qué hoy me ha dado por hablar de esto. Supongo que porque creo que andamos muy faltos de abrazos reales. O quizás porque a más de uno, hoy le vendría muy bien.
El caso es que, lamentablemente, a los abrazos les pasa como a los besos, las caricias, los matrimonios o las patadas en los huevos.
Si no los consumas a tiempo, acaban todos caducando.

por Risto Mejide (artículo publicado en el periódico ADN)

jueves, 17 de septiembre de 2009

El Apego

El desapego no es una condición negativa, sino una condición vigilante, positiva, que nos libera de algo que impide en nosotros el contacto con el alma, ese algo es el miedo de la libertad. Tenemos apego cuando tenemos miedo de la libertad. Tenemos apego cuando perdemos el poder interior. Tenemos apego cuando nos volvemos dependientes de una persona, de un evento, de una circunstancia; inclusive de la religión como una muleta exterior, no como un punto de apoyo interior.

El apoyo nos hace perder el poder, porque nos hace perder el punto de apoyo interior y este es autonomía. La autonomía es la condición del alma, del contacto de la personalidad con el alma. Solamente cuando seamos autónomos, nos aceptemos, nos reconozcamos, tengamos autonomía interior y seamos nosotros mismos; entonces recién el alma podrá anclarse en nuestro vehículo.

Nosotros somos fundamentalmente el alma que utiliza la personalidad. Pero el alma es virtual, es potencial, es como un futuro incierto cuando nosotros no somos libres. El alma solo se puede asentar, en medio de la libertad.

El apego negativo lo llamamos rechazo o aversión. Estamos apegados a un sentimiento que volvemos resentimiento. Y el resentimiento como una forma de aversión es el peor de los apegos. El apego no solo es la dependencia de otro, el apego siempre es la dependencia de un sentimiento. Los apegos se dan en el campo emocional o en el campo astral; que es el campo de los sentimientos.

En ambos casos nos separamos; porque no hay peor separación, que la de la proximidad física, cuando no hay libertad. Puede que estemos muy juntos y muy cerca. Puede que nos besemos, puede que nos abracemos, puede que ocupemos el mismo techo, pero si la relación se basa en el apego, estamos profundamente separados en nuestra esencia. Mientras más cerca estén nuestros cuerpos y nuestras personalidades; si hay apego, más lejanas están nuestras almas.

Mientras más cerca estemos, más prisioneros somos el uno del otro, si la relación es de apego. Una relación es de apego si produce sufrimiento; no hay sufrimiento, sin apego. La condición del sufrimiento es el apego. Tú puedes irte o puedes quedarte; pero si yo sufro es porque estoy apegado y si estoy apegado a ti es porque estoy inseguro de mí, porque necesito un punto de apoyo exterior. Si estoy apegado a ti, es porque estoy inseguro de mí. Si yo estoy apegado a ti estoy violando tu libertad, si tú estas apegado a mí, entonces también estas violando mi libertad.

De tal manera que la mejor manera de unirse es paradójicamente liberarse. La mejor manera de encontrarse es desaparecerse. La mejor manera de no rechazarte es paradójicamente aceptarme a mí mismo. Así se pueden ver las paradojas que se dan en una relación que tiene como punto de partida la reflexión; yo me miro y me observo en un espejo, pero yo me miro y me observo en un espejo que eres tú. Aquellas cosas a las que yo me apego son esas inseguridades y vacíos interiores que tengo. De manera que te estoy utilizando en la relación como un instrumento para compensar mis carencias. La relación no es un instrumento para compensar carencias, sino es un instrumento de liberación.

Si yo te necesito a ti para llenar mis vacíos, pobre de ti y de mí, porque te voy a atrapar en la prisión de mi vacío. Si tú me necesitas solo para compensar tus vacíos en la relación, no me vas a dar más que tu carencia, tu sombra y tu pobreza. No me vas a regalar lo mejor de ti mismo que es tu riqueza y todas aquellas cosas que ya has afirmado, aquello que traes para regalarle al mundo desde tu propio corazón.

(Autor desconocido)

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Evolución hacia la involución

Cada día que pasa vamos abriendo nuevos caminos en nuestras vidas y muchas veces no nos damos ni cuenta de ello. Y es que cada vez que pasamos por un nuevo umbral lo hacemos sin el mínimo atisbo del cambio que se está produciendo en nuestro interior. Muchas veces es imperceptible por la pequeña magnitud del mismo y hasta que no echamos un vistazo a atrás, no nos damos cuenta que esos pequeños "temblores" han podido sumar un punto en la "escala Richter" de nuestras vidas. Otras veces no queremos ser conscientes de ello y es nuestro propio subconsciente el que nos hace creer que seguimos siendo los mismos de aquella época en la que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Pero, ¿Por qué nos cuesta tanto mirar atrás? ¿De qué tenemos miedo? Miedo de darnos cuenta quizá, de que el rumbo que hemos seguido no era el que habíamos elegido, de que estos años atrás habíamos perdido el control de nuestra vida, de que nos agarrábamos a los troncos que arrastraba el agua en vez de nadar hacia la orilla. O quizá miedo a darnos cuenta de que el Dani de ahora no se parece al Dani de ayer, ni remotamente. Y eso nos asusta. Nos asusta darnos cuenta de que somos otra persona. Pero más nos asusta el pensar que esa persona no nos llegue a gustar nunca.

Independientemente de nuestros miedos, más tarde o más temprano acabamos mirando atrás. Casi como cuando sales huyendo y no puedes evitar mirar a tu perseguidor en algún punto del recorrido. Sólo dos preguntas nos debemos hacer, ¿Cuándo? y ¿Qué? Las dos preguntas van ligadas la una a la otra: Qué es aquello que nos va a hacer mirar al pasado y cuándo lo haremos. "Aquello" puede ser cualquier cosa, lugar, persona  o sentimiento ajeno a nuestra vida actual que repentinamente se cruza en nuestro camino. Y aquí señores y señoras entra en funcionamiento el destino. Pues en algún momento de nuestra vida habrá algo o alguien que nos haga recordar lo que un día fuimos y compararlo con lo que somos. La clave está en seguir manteniendo  ese recuerdo, que muchas veces a penas dura un abrir y cerrar de ojos.

"¿Recordar el pasado? ¡Olvídate del pasado y vive el presente!..." Infinidad de veces he podido oir esa frase en infinidad de personas que son arrastradas por la corriente de la vida. Por supuesto que no hay que encasquillarse en el pasado, pero una vez que "aquello" te ha abierto los ojos, mantenlos abiertos. Porqué mientras los mantengas abiertos podrás tener el control de tu vida. Serás capaz de evolucionar hacia la involución, volver atrás y recuperar en tu vida aquellos sentimientos y aquellas cosas buenas que, hacía ya mucho tiempo, perdiste...